martes, 14 de julio de 2009

Al Margen/manuel Padilla Muñoz

Al Margen

¿Y el dinero del “bono de marcha”, Apá?


Por: Manuel Padilla Muñoz
TANTO LA CONSTITUCION Política de México como la Ley de Salud Federal establecen claramente que corresponde a las autoridades municipales, en primera instancia, velar por la salud de los ciudadanos, especialmente, que no sean víctimas de los vicios, entre ellos el del alcoholismo. Sin embargo, a la autoridad panista que gobierna ---más bien tiene secuestrado el gobierno municipal--- la salud de los laguneros y el bienestar familiar de los mismos, poco les importa. Tanto así que a José Ángel Pérez poco le importa legalizar a los vendedores clandestinos de cerveza y licor que ahora seguirán vendiendo su producto embrutecedor en mayores cantidades a cambio de allegarse algunos millones de esos que servirán, de acuerdo a círculos políticos cercanos al alcalde ---piensa mal y acertarás--- para el nefasto “bono de marcha” del alcalde, de sus ediles y directores de área del gobierno municipal. Llegado el momento de poner en el tapete de la discusión regional lo del “bono de marcha” ---a todas luces ilegal---, el propio alcalde se desgarrará las vestiduras anunciando que él renuncia al “bono de marcha” pero no así sus cómplices de su gavilla. La historia es cíclica y en esta ocasión podrá volver a ocurrir lo que a finales de la pasada administración y albores de la actual cuando los gavilleros de Guillermo Anaya se agenciaron, ilegalmente, repetimos, el “bono de marcha” que provocó indignación entre la población que, a final de cuentas tuvo que pagarlo, y que, el tomar posesión del cargo José Ángel Pérez anunció, con bombo y platillo, cual futuro mesías del pueblo lagunero, que recuperaría esos millones de pesos que ilegalmente se llevaron los anteriores ediles. Incluso, el entonces secretario del Ayuntamiento, Alfonso Tafoya, envió oficios a los ex ediles exigiendo la devolución del dinero. Incluso, algunos de esos ex ediles fueron tan cínicos que acudieron al amparo y protección de la justicia federal. Luego, perversamente, el alcalde panista echó tierra al asunto y nunca jamás, desde hace más de tres años, se volvió a tocar el tema. Hasta ahora que José Ángel prepara otra tarascada al erario municipal para beneficiar a sus amigos y parientes. La historia, pues, volverá a repetirse; José Ángel Pérez acudirá a los “bonos de marcha” y el próximo alcalde priista ---si no, al tiempo--- volverá a rasgarse las vestiduras y así hasta el infinito de los tiempos. El alfa y el omega de la ilegalidad, si antes la ciudadanía de Torreón no los detiene.
Más grave aún que legalizar a 224 clandestinos es que se autorice, a último momento, la petición que desde el año pasado hizo la empresa de las Farmacias Guadalajara que solicitó autorización del Cabildo para vender licor y cerveza en esos establecimientos tradicionalmente dedicados a la venta de medicinas. Vespertino fue el primer medio de comunicación que dio a conocer esta petición en su momento y gracias a ello la Comisión de Alcoholes del Cabildo no autorizó la solicitud. O sea, abortamos el asunto para bien de la ciudadanía. Se nos hizo extraño que los trámites para ello, que generalmente llevan muchos meses, se realizaràn en tan solo unas semanas. Hasta que descubrimos que el dueño de las franquicias de Farmacias Guadalajara en Torreón es nada menos que la familia Tricio, casi dueños de Lala, una de las familias más ricas de la región que ayuda con muchos millones de pesos a los candidatos a presidente municipal y, por tanto, con intereses muy fuertes con la familia del alcalde panista José Ángel Pérez. El padrón de licencias para venta de bebidas embriagantes, de acuerdo a la página de Internet del municipio, es de 8,726. A ello hay que agregar las 224 subastadas la semana anterior, lo que llegaría a un total de 9,050 licencias. Si a ello agregamos 526 licencias más para igual número de farmacias que funcionan en Torreón, el número llegaría a 9,576. Porque, de aprobarse, no solamente se beneficiarían las Farmacias Guadalajara sino todas las restantes porque lo que beneficia a una debe beneficiar a todas. Mediante un amparo ganarían fácilmente el asunto. Sion embargo, si insisten las farmacias, queda al municipio un amparo para hacer valer la Ley Federal de Salud. Pero el riesgo está latente y si hay varios millones de pesos de por medio, no dude siquiera que los panistas irán tras ellos. Solo bulle en mi mente una interrogante. ¿Si se autoriza la venta de licor en las Farmacias, que implica también a las Farmacias Similares del Dr. Simi, la cerveza y el licor que ahí se venda serán “similares”?

UNO DE LOS INGENUOS ayudantes del regidor “El Garras”, más conocido en el mundo del hampa como Gustavo Rodríguez Argumedo, por ahora prófugo de la justicia pues está acusado de lesionar ---le cercenó un dedo a mordidas--- a la joven mesera Laura Cardozo, me reclamó del por qué en nuestra pasada columna aseguré que el regidor es un caníbal pues el dirigente de la colonia Zaragoza Sur es vegetariano. De momento quedé sorprendido pues posiblemente sea cierto. Pero no, acudiendo a la enciclopedia popular, no la que han hecho los grandes literatos y lingüistas, sino a la que todos los días aplica el pueblo, supe que hay caníbales vegetarianos, que son aquellas personas que se comen las plantas de los pies, las palmas de las manos, la flora intestinal, la manzana de Adán y varios órganos más. Ahora sí tengo mayores argumentos para responder a ese ayudante de “El Harapos” que por cierto en tiempo que no se para a “trabajar” en su oficina. Y pensar que los ciudadanos de Torreón le pagamos 1,500 pesos diarios por “ese trabajo”. Gustavo Rodríguez Argumedo y su esposa Rosa Guerrero no son ebrios consetudinarios sino ebrios con su itinerario pues es proverbial en la “Sala del Amor” --- ex Sala de Regidores, ¿por qué será?--- que saliendo de su trabajo se van al Bar Panchos, cerca de la presidencia,; luego, solo cruzan la calle y llegan al Guadalajara; después siguen la borrachera en El Capullo, ---Juárez y calle 8—y terminan en el Mac Allen, cerca de la Central Camionera, donde fue el acto canibalesco de Gustavo Rodríguez y Rosa Guerrero.
Ya crié otro cuervo; se llama Cristian Charles; cuídese de él, es peor que Judas.
manuelpadillamunoz@hotmail.com